En mi reciente viaje a los Estados Unidos tuve la oportunidad de conocer uno de los Puentes más impresionantes del mundo (se dice: la más grande hazaña de ingeniería), el Golden Gate, ubicado en la península de San Francisco, en California; frente a esta majestuosa obra pensé en cuantas dificultades y obstáculos debieron vencer sus gestores y constructores.
Al regresar a Santo Domingo cayó en mis manos un fascinante libro que explica en detalle como fue construida dicha obra, propuesta por primera vez en 1872 y luego 1916. Nadie pensaba que era posible realizarla, pero la necesidad era urgente, ya que obstaculizaba el crecimiento y la expansión de San Francisco. No había otra alternativa, el puente era la solución, pero las dificultades técnicas, climatológicas y económicas, hacían del proyecto algo imposible; su costo de dosciento cincuenta millones de dólares (US$250,000,000) era deprimente; para que tengamos una idea de lo que esta cantidad significaba para aquel entonces, el valor de todas las propiedades de San Francisco era de treciento setenta y cinco millones de dólares (US$375,000,000).
Ante todas estas dificultades Dios levantó a un hombre con fe y visión (digo que Dios lo levantó porque creo que Él aprueba todo proyecto de expansión, su imperatrivo para Adán fue: "llenad la tierra") llamado Joseph B. Strauss, quien pensaba que el puente podía construirse con veinticinco millones (US$25,000,000).
Su construcción comenzó en 1933 y fue inaugurado en 1937; un detalle importante que se debe resaltar es el siguiente: la construcción duró tan solo cuatro años, sin embargo convencer a la gente de que sí era posible le tomó 20 años. Strauss no fue popular porque su propuesta no era populista, pero luego de inaugurada la obra se hizo muy famoso como ocurre siempre con los hombres de fe: no son populistas pero luego se hacen populares.
Esta gran obra, además de comunicar entre sílas costas de esta península, ayudar con la expansión y atraer por su majestuosidad a millones de turistas ha servido de motivación a miles de ingenieros en todo el mundo, demostrando que cuando se tiene fe lo imposible se hace posible.
En nuestro país tenemos la gran oportunidad de ser generadores de fe y lograr grandes cosas. El subdesarrollo comienza en la mente, este es el resultado del pesimismo, la negligencia y la falta de visión; la fe es dinamo que genera motivación, actividad y entusiasmo produciendo desarrollo y prosperidad. |